Home Estados Un legado que lucha por no extinguirse: la historia de Galdino y sus hijos como organilleros en Nuevo Laredo

Un legado que lucha por no extinguirse: la historia de Galdino y sus hijos como organilleros en Nuevo Laredo

Un legado que lucha por no extinguirse: la historia de Galdino y sus hijos como organilleros en Nuevo Laredo

En Nuevo Laredo, la tradición de los organilleros se mantiene viva gracias a Galdino Flores González y sus hijos, quienes se han convertido en una imagen emblemática en las concurridas esquinas de la ciudad. Provenientes de Oaxaca, este trío familiar sale diariamente a las calles, tocando melodías como “Amor Eterno” durante los altos de los semáforos, buscando así ganarse la vida con su arte.

Instalados en la intersección de Obregón y Arteaga, Galdino se siente orgulloso de continuar con un legado familiar que data de su padre. A pesar de la calidez del clima de Nuevo Laredo, que contrasta con su experiencia en su tierra natal, él y sus dos hijos son constantes en su labor. Sin embargo, no todo es fácil; Galdino enfrenta críticas y desdén de algunos transeúntes, que no consideran su oficio válido. “A veces nos apoyan con una moneda, pero hay personas que se enojan”, lamentó Galdino, reconociendo que la vida de organillero puede ser incierta.

Con siete años de experiencia en este oficio, Galdino ha logrado transmitir a sus hijos la pasión por la música. No obstante, nutre la esperanza de que ellos puedan acceder a una educación que él no tuvo. “Prefiero que estudien”, declaró Galdino, resaltando su deseo de que sus hijos tengan oportunidades que él no pudo alcanzar debido a la falta de infraestructura educativa en su infancia.

El vestuario que utilizan, un uniforme beige, rinde homenaje a la tradición de los organilleros, cuyo origen se remonta a la época revolucionaria. El legado de esta actividad es tan valioso que Galdino luchará por mantenerlo vivo, a pesar de las dificultades de obtener piezas y reparaciones para su organillo. “Ya no hay muchos organilleros”, advirtió, reflejando la realidad de un oficio que se enfrenta a la extinción.

El repertorio que Galdino presenta incluye piezas populares como «Las mañanitas» y el «Vals de Alejandra», mostrando que estos artistas no solo ven la música como un medio de subsistencia, sino como una parte esencial de su identidad y de la historia familiar. Mientras continúa la labor de organillero, sus esfuerzos van más allá de lo económico; se trata de preservar una tradición y crear un futuro mejor para la siguiente generación.

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