El pasado viernes, Panamá experimentó un terremoto de magnitud 7,7, el más fuerte registrado en más de siete décadas, afectando principalmente la provincia de Herrera, a más de 193 kilómetros al suroeste del Canal de Panamá. Aunque las autoridades no han reportado fatalities, el presidente José Raúl Mulino ha manifestado su preocupación ante el evento, que dejó una serie de réplicas y podría resultar en pérdidas económicas que superen los 1.000 millones de dólares, según estimaciones preliminares del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).
La magnitud del sismo y su profundidad, de 12,6 kilómetros, lo colocan como el más severo registrado en la región desde 1951. En medio de la emergencia, el USGS señaló que se había registrado una réplica significativa de 6,6, además de otras ocho de magnitud 4,8 o superior. A pesar de su intensidad, el canal interoceánico continuó con sus operaciones normales tras activar los protocolos de emergencia y realizar las inspecciones correspondientes.
Durante su visita a las áreas afectadas, Mulino enfatizó que su gobierno estaba movilizando recursos y estrategias para ofrecer asistencia a las familias damnificadas. También instruyó a los ministerios pertinentes a implementar medidas preventivas inmediatas. Mientras se evaluaba la reubicación de los afectados y la posibilidad de trasladar pacientes de hospitales con daños, el ministro de Hacienda de Panamá, Felipe Chapman, confirmó contactos con organismos internacionales como el Banco Mundial para conseguir financiamiento ante la crisis.
La repercusión del sismo se sintió más allá de las fronteras panameñas, con reportes de que el temblor se percibió en diversas ciudades de Colombia, incluyendo Medellín. La situación generó tiempos de incertidumbre en la población, llevando a una masiva evacuación de edificios, negocios y escuelas en Panamá, lo que acentuó el temor entre sus habitantes, quienes no están acostumbrados a experimentar terremotos de tal magnitud.
A medida que el país se recupera de esta grave emergencia, distintas naciones, incluidos Estados Unidos y Venezuela, han ofrecido su asistencia, destacando el compromiso regional ante la tragedia. El cuerpo de bomberos ha confirmado que, por el momento, se mantienen sin reportes de heridos o muertes tras el sismo.
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