El Tesoro de Estados Unidos anunció un ambicioso plan de recompra de bonos de largo plazo, elevando el monto máximo a US$6.000 millones, lo que representa un incremento significativo respecto a la cifra inicial de US$2.000 millones presentada a principios de agosto. Este movimiento es parte de la estrategia liderada por el secretario Scott Bessent para mitigar el reciente aumento en los costos de endeudamiento, que ha impactado en los mercados financieros globales.
La recompra se enfocará en bonos con vencimientos entre 20 y 30 años, y se llevará a cabo el próximo jueves. La decisión de triplicar el monto de recompras se produce en un contexto donde los rendimientos de los bonos a 30 años han alcanzado niveles máximos inusuales, superando la barrera del 5,3%, cifras que no se habían visto desde 2007. Este aumento en los rendimientos ha sido impulsado por el encarecimiento de los precios energéticos a nivel mundial.
Bessent defendió la estrategia de recompra ante críticas que señalan que tales acciones son meras intervenciones en el mercado que no resuelven los problemas fiscales de fondo. Indicó que la expansión del programa fue tomada en consideración tras detectar que los mercados se estaban «alejando» de los precios de equilibrio. Sin embargo, reconoció que el tamaño mínimo comunicado no fue alcanzado, ya que el Tesoro adquirió aproximadamente US$5.200 millones en deuda de 10 a 20 años, limitándose ante la falta de ofertas competitivas.
El Instituto de Finanzas Internacionales advirtió que las medidas de «ingeniería financiera» como las recompensas en el mercado secundario ofrecen un alivio temporal, pero no abordan las dinámicas estructurales que subyacen al aumento de la deuda pública. Este anuncio se produce en un ambiente cada vez más cauteloso entre los inversores, quienes anticipan la reacción de la Reserva Federal a estas fluctuaciones en los rendimientos de los bonos y su futura política monetaria.
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